Desde hace décadas, Argentina convive con inestabilidad económica: inflación, una gran brecha entre las variables macroeconómicas y la economía real y una alta deuda externa. Sin embargo, en este contexto, el país exporta ingenieros a los mejores equipos de tecnología del mundo y tiene una de las tasas de adopción cripto más altas del planeta: casi uno de cada cinco argentinos la usa en su vida diaria. El país combina tres elementos que lo hacen único: una gran cantidad de talento, necesidades urgentes en su economía y una comunidad colaborativa que ya usa cripto.

Empecemos por el talento. De acá salieron Mercado Libre, Globant, Auth0 y Ualá, entre otros grandes unicornios tech. Y cuando el mundo cripto empezó a construirse en serio, los argentinos ya estaban adentro. OpenZeppelin, Decentraland, POAP, Kleros, Lemon y Ripio tienen founders argentinos, y hay integrantes nacionales en equipos como Optimism, Aztec y la Ethereum Foundation.

Después, la necesidad. En Argentina nadie adoptó cripto por moda. La inflación (211% anual en 2023, la más alta en más de tres décadas), el cepo cambiario y la volatilidad empujaron a millones a buscar otra forma de ahorrar y transar, y la encontraron. Esa es la diferencia con casi cualquier otro mercado del mundo: acá la adopción es real, cotidiana y masiva. La crisis nos entrenó.

Y en los últimos años apareció lo que siempre había faltado: un entorno dispuesto a acompañar. El sector público escucha y responde a las necesidades de los que construyen, el marco regulatorio avanza y el mundo volvió a mirar hacia acá.

Talento probado, necesidad real, voluntad de las instituciones públicas de acompañar. Cada una de esas condiciones tardó décadas en construirse. La convergencia de las tres está pasando ahora.

Los países que aprovecharon un momento así construyeron el entorno para que la oportunidad no se escape. Para eso existe Crecimiento. Y de por qué la apuesta es la tecnología se trata Por qué apostar por lo tech.